lunes, 8 de diciembre de 2025

Por qué no nos enseñaron esto en el profesorado: Neurociencia espacial y memoria declarativa.

 Por qué nunca me enseñaron esto en el profesorado: la neurociencia espacial y la memoria declarativa


Durante años, en los profesorados nos hablaron de Piaget, Vygotsky, Freire, la psicogénesis y las teorías clásicas de la construcción del conocimiento. Sin embargo, nadie nos explicó cómo funciona realmente el cerebro cuando aprende. Mucho menos se mencionó algo tan fundamental como la neurociencia espacial aplicada a la memoria declarativa, uno de los descubrimientos más relevantes de las últimas décadas.


La pregunta es inevitable:


¿Por qué algo tan central para comprender el aprendizaje no aparece en la formación docente?


El cerebro aprende organizando el mundo como un mapa


La neurociencia espacial estudia cómo el cerebro representa el espacio físico. A partir de las investigaciones de John O’Keefe y de May-Britt y Edvard Moser, sabemos que existen neuronas especializadas que construyen un mapa interno del entorno:


Las place cells, que se activan cuando estamos en un lugar específico.


Las grid cells, que generan una estructura interna similar a una rejilla para calcular distancias.


Las head-direction cells, que indican la orientación de la cabeza.


Las boundary cells, que detectan límites y bordes del entorno.



Lo revolucionario es que este mismo sistema espacial del hipocampo no solo sirve para orientarnos en el espacio, sino que también organiza y recupera recuerdos declarativos: conocimientos, hechos y experiencias.


En síntesis: el cerebro utiliza una arquitectura espacial para recordar. Aprende construyendo mapas, no abstracciones sueltas.


La memoria declarativa es profundamente espacial


La memoria declarativa incluye dos grandes categorías:


Memoria episódica: los recuerdos de nuestras experiencias personales.


Memoria semántica: los conocimientos y conceptos que adquirimos.



Ambos tipos de memoria dependen del hipocampo, la misma estructura donde operan las neuronas espaciales. Esto implica que recordar no es solo almacenar información, sino ubicarla dentro de un mapa mental.


Por eso recordamos mejor un contenido cuando lo asociamos a un lugar, a un recorrido, a una ubicación específica en una página o a un contexto físico determinado. La pedagogía suele hablar de “contexto”, pero la neurociencia muestra algo más preciso: la indexación espacial del recuerdo.


Por qué no nos enseñaron esto


Las razones son varias, pero tres resultan decisivas:


1. La formación docente quedó atrapada en teorías antiguas


Los profesorados siguen estructurados alrededor de marcos teóricos de las décadas de 1970 a 1990. La neurociencia moderna, la psicología cognitiva y los estudios sobre el aprendizaje no fueron incorporados de manera sistemática.


2. La neurociencia obliga a trabajar con evidencia


Y gran parte de la pedagogía tradicional se sostiene en principios ideológicos o interpretativos, no en evidencia empírica. Incorporar neurociencia exigiría revisar prácticas muy arraigadas.


3. La memoria fue injustamente demonizada


Durante décadas se repitió que memorizar era perjudicial, que lo importante era solo “construir conocimientos”. La investigación actual muestra que la memoria declarativa es imprescindible para comprender, razonar y aprender de manera profunda.


El resultado es que generaciones de docentes fueron formadas sin comprender cómo funciona el sistema que hace posible el aprendizaje: el cerebro humano.


La relevancia actual


Estos descubrimientos modifican la manera en que pensamos la enseñanza:


Los apoyos espaciales mejoran significativamente la retención.


Los mapas conceptuales funcionan porque imitan la arquitectura neuronal.


Las experiencias situadas anclan mejor los recuerdos.


Estudiar en entornos variados fortalece la consolidación de la memoria.


El movimiento físico favorece la codificación en el hipocampo.



En un contexto educativo cada vez más exigente, entender el funcionamiento del cerebro no es un lujo: es una necesidad básica de la práctica docente.


Conclusión


La neurociencia espacial aplicada a la memoria declarativa es una de las grandes ausentes en la formación de los educadores. No se trata de una moda ni de un detalle técnico: es el fundamento científico de cómo aprendemos. Si queremos una educación más efectiva y más honesta, debemos integrar este conocimiento.


El cerebro aprende construyendo mapas. Como docentes, necesitamos conocer esos mapas para guiar mejor a nuestros estudiantes.

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